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Las 5 mentiras más grandes que nos dijeron en la primaria sobre la independencia.

La historia de México es rica en relatos de caudillos y hazañas de héroes; muchas de las cuales han superado la tradición oral y han sido oficializadas al ser plasmadas en los libros.
Pero de acuerdo a estudios hechos por la Escuela Nacional de Antropología e Historia, existen varios pasajes de la historia de México que se encuentran plagados de imprecisiones y datos erróneos.
Ya que estamos en mes patrio, te daremos 5 mitos de la independencia de México.
1) El Pípila.

A la fecha, no existen pruebas validas sobre la existencia de Juan Martínez “El Pípila”; los barreteros eran muchos en el Bajío mexicano, región que vivía de la minería, y es posible que los dirigentes del bando insurgente enviaran a uno de ellos (Juan, Pedro, Antonio…) como carne de cañón.
El Pípila, más que una persona en específico, representa a los hombres anónimos sacrificados durante la lucha de Independencia.
2) La Independencia no se originó en las clases bajas del pueblo.

La guerra de Independencia no fue una revolución contra la opresión y el mal gobierno como se piensa, sino una disputa política entre las élites coloniales.
La revuelta nace en la casta criolla, hijos de españoles nacidos en la Nueva España, quienes se sentían rezagados respecto a sus padres, pues no tenían el mismo acceso a los derechos políticos, sociales y económicos de los españoles nacidos en España, y, por supuesto, no eran partícipes de la vida social de la Nueva España ni podían aspirar a uno de los principales puestos de gobierno.
3) Porfirio Díaz, ¿cambió la fecha de los festejos?

Gran parte del pueblo de México cree que, desde “El Porfiriato” celebramos el inicio de la Independencia la noche del 15 de septiembre y no el 16 como ocurrió, debido a un capricho personal del General Porfirio Díaz, quien, al encontrarse en lo más alto de su gobierno, decidió cambiar la ceremonia de “el grito” a la noche del día 15, porque en esa fecha cumplía años.
Sin embargo, desde la década de 1840, los festejos se realizaban el día 15 y culminaban el 16 (en aquel entonces, Porfirio Díaz era sólo un niño), y tenían lugar en la Alameda Central.
La noche del 15 se daba una serenata en la Plaza Mayor y el 16 había salvas de artillería, repique general a vuelo, ceremonia en la Catedral y paseo cívico. A mediados del siglo XIX, comenzó a hacerse costumbre que, a las 11 de la noche del 15 de septiembre, tronaran salvas y artillería, las campanas repicaran y bandas de música recorrieran la ciudad, para que todos recordaran el grito de Independencia.
La única aportación de Porfirio Díaz a la tradicional ceremonia fue llevar “el grito” de Guanajuato al Zócalo, al ordenar el traslado de la Campana de Dolores a Palacio Nacional en 1896, y desde ahí recordar a los “héroes que nos dieron patria y libertad”.

4) Hidalgo no era mexicano.

Por entonces no existía la nacionalidad en el sentido jurídico del término. Aunque nació en territorio de la Nueva España, era español por condición, o también puede definirse como criollo novohispano, es decir, hijo de españoles, pero nacido ya en tierras americanas.

 

5) Hidalgo no tocó la campana de Dolores personalmente.

Ordenó al vicario que subiera a la torre y la tocara. La tradición de que el presidente toque la campana comenzó en 1896 cuando Porfirio Díaz ordenó trasladar el esquilón de San José (nombre de la campana) a la ciudad de México y colocarla en Palacio Nacional.

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